Revista Vive en Balance Ed. 2

Cuídate en cada etapa ¿Cuántas veces te ha pasado que tienes un antojo el cual sientes con urgencia, el cual percibes que debes satisfacer en ese momento? ¿O que hay ciertos alimentos que te provocan compulsión? Los adultos podemos comenzar por identificar cuando consumimos algo por costumbre (hábito), antojo o realmente es por hambre. Para ello, primero es importante identificar el hambre emocional y el hambre fisiológica, ya que a veces eso que elegimos por costumbre, se debe a una emoción que creemos manejar/arreglar/superar con ese alimento que usamos como apapacho. ¿Cómo diferenciar tu hambre fisiológica de tu hambre emocional? El hambre fisiológica es gradual, se va dando durante el día como si fueras un automóvil al que se le va vaciando el tanque de gasolina y se puede identificar mediante sensaciones en el cuerpo, como dolor de cabeza, vacío en el estómago, movimiento del intestino, mal humor, etc. No suele tener una sensación de urgencia y casi siempre se puede satisfacer con varios alimentos que cumplan con la función fisiológica de nutrir tu cuerpo y darle esa energía que requiere para realizar todas sus funciones básicas, tales como respirar. Por otro lado, el hambre emocional es súbita, aparece como una necesidad urgente de comer un alimento específico y no puede satisfacerse con otro alimento. Muchas veces puede ir condicionada de un entorno o un hábito que ya hemos establecido sin habernos dado cuenta como, por ejemplo: cada vez que pasas por la maquinita de refrescos o cada vez que vas al cine y hueles a palomitas sientes esta urgencia de satisfacer esa necesidad que en realidad es más de origen emocional. Esto nos pasa a todos y te daremos una estrategia para comenzar a identificarlo y manejarlo de mejor forma. Por: Mtra. Esther Schiffman Selechnik Referencias Hay una herramienta que sirve mucho para identificar las emociones asociadas a los alimentos que elegimos y es hacer un diario. 1. Siempre proporcionarles una variedad de todos los grupos de alimentos para que la oferta sea adecuada y nutritiva. 2. Hacer las compras y preparar los alimentos juntos, pudiendo darles la oportunidad de probar todo y no catalogar alimentos como buenos y malos. 3. Antes y después de cada comida preguntarles “¿cómo está tu pancita?” “¿tiene hambre o ya no?” Para que puedan conectar con sus cuerpos y sean las señales fisiológicas las que guíen sus elecciones. 1. Apunta lo que comes a lo largo de 4 días. Escribe: horario, alimentos específicos y porciones. 2. En ese momento que estés comiendo los alimentos anota “¿cómo me siento?” describiendo la emoción que predomina. 3. A su lado puedes escribir pensamientos y/o situaciones en donde detectes “¿qué es lo que está ocurriendo en mi vida o pasando por mi mente al comer?” Pudiendo identificar en dónde te encuentras al comer. 4. Al final de cada día puedes hacer anotaciones escribiendo “¿qué descubrí?” Analizando las emociones que predominan cuando comes para comenzar a detectar las modificaciones que te gustaría hacer poco a poco basado en tus descubrimientos. Si eres adolescente y/o adulto, registra así tu diario: A través de los años, hemos aprendido a desconectarnos de nuestras señales fisiológicas de hambre y de saciedad. Hemos olvidado que si nos animamos a escucharlas son tan sabias que nos indican lo que necesitamos comer y en qué cantidad. Es por ello que es tan valioso comenzar a identificar ¿qué tanto es que solemos comer por antojo o por hábito? Recuerda que detectarlo es el primer paso para poco a poco comenzar a hacer modificaciones y reconectar con lo que necesita tu cuerpo. Estas estrategias te ayudarán con los niños: | 13 12 | www.viveenbalance.com.mx Conócete Conócete

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